Cuando comencé mi proceso de crecimiento personal me di cuenta que el mayor crítico que tenía de mi vida era yo mismo. Fueron muchos años de exigirme y retarme pensando que así sería cada vez mejor y que en la misma medida las demás personas me verían con mejores ojos.

 

Lo cierto es que el tiempo pasó, y a pesar de mi autoexigencia, no solo no me sentía mejor sino que tenía una sensación de que ni yo me comprendía a mi mismo. No estaba siendo feliz y en medio de todo eso había cosas en mi vida que no funcionaban como quería pero tampoco era capaz de encontrar las respuestas para cambiarla.

 

Cuántas veces en tu vida te has visto frente a problemas que no sabes resolver, momentos en los que sientes que no eres capaz, que tal vez te sientas inferior a los retos que tienes por delante o que la vida te está poniendo una carga superior a la que puedes soportar.

 

Que te identifiques con alguna de las anteriores afirmaciones es completamente normal pero hoy quiero entregarte una forma para salir de esas situaciones.

 

¿Que pasa cuando los problemas no son míos?

 

¿Te ha pasado que cuando otra persona está pasando por una situación dura eres capaz de dar consejos con facilidad y además la otra persona queda muy contenta?.

 

Definitivamente las situaciones de otros normalmente se ven mucho más sencillas y rápidamente encontramos formas prácticas para resolverlas.

 

Lo que te quiero mostrar es un ejercicio que descubrí en medio de mi proceso y que con seguridad podrá ayudarte. El objetivo es que por medio de la compasión contigo mismo y aprovechando esa forma en la que resolvemos los problemas de los demás, vamos a poner nuestros problemas en perspectiva para que las soluciones lleguen.

Ejercicio para resolver cualquier situación personal de forma compasiva.

La próxima vez que te encuentres en una situación donde no sepas qué hacer con algún problema personal o simplemente te estés sintiendo mal puedes hacer el siguiente ejercicio:

 

  1. Cierra tus ojos y observa tu respiración por un par de minutos.
  2. Visualiza que al frente tuyo tienes un niño o niña (el que prefieras está bien).
  3. Imagina que ese niño o niña te cuenta exactamente el problema que tu tienes o lo que tu estas sintiendo.
  4. Piensa qué le dirías tú a ese niño que ves al frente tuyo y mentalmente dile todo lo que se te venga a la cabeza.
  5. Abre tus ojos con una sonrisa.

 

Este ejercicio está diseñado para activar la compasión y poder ver el problema más claramente, pensar que un niño tiene el problema o el sentimiento que yo tengo aleja un poco el tamaño de la situación y permite ponerlo en perspectiva. Pensar que es un niño pequeño con el que estamos hablando hará que nuestras palabras sean mucho más compasivas.

 

Si estuvieras realmente en una situación así con un niño sería muy difícil que simplemente callarás, lo más seguro es que algo le dirías o harías por ese niño y es por eso que el ejercicio nos ayuda a encontrar soluciones donde normalmente no las vemos.

 

Te invito a que intentes esto la próxima vez que te veas en alguna situación donde no encuentres respuestas o te sientas mal.

 

En los comentarios nos puedes contar como te fue con el ejercicio y comparte este ejercicio con todas las personas que puedas, entre más personas tengamos este tipo de información el mundo será un lugar mucho mejor.

 


Esteban Acevedo
Coach y Master en PNL avanzada

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