Hace años aprendí esta técnica para hacer que mis pensamientos fluyeran con tranquilidad durante mis meditaciones. Todo el ejercicio consiste en ponerles etiquetas o un nombre genérico a esos pensamientos, así de fácil, pero a pesar de lo simple que parece, puede ser una práctica de gran profundidad. En este artículo pretendo explicarte cómo aplicarla en tu cotidianidad y demostrarte por qué funciona tan bien.  

 

La técnica la aprendí hace varios años en un retiro zen. Recuerdo que particularmente en ese retiro me estaba costando mucho concentrarme, y en uno de los espacios de estudio mientras leía algo de literatura budista, encontré la respuesta que hoy les quiero compartir.

 

Aplicarla en meditación es una cosa, pero lo realmente interesante llega cuando logras llevar esta práctica a tu día a día por fuera de los espacios de meditación, entonces ahí encontrarás su verdadero sentido.

Ejercicio para fluir con tus pensamientos

 

Por más sencillo que parezca, te recomiendo que primero lo apliques en un espacio de meditación, así podrás vivir el proceso de manera mucho más consciente.

 

Cuando un pensamiento llegue a tu mente vas a observar rápidamente que emoción está generando en ti y con base en eso vas a ponerle un nombre, mentalmente te vas a imaginar como si le pusieras un sello o le colgaras una etiqueta al pensamiento. Imagínatelo en la forma que quieras, pero visualizarlo es parte importante del proceso.

 

Después de hacer esto simplemente observa, el pensamiento debería irse por sí solo.

¿Parece fácil, verdad? ¿Te atreves a intentarlo?

¿Por qué funciona?

 

Estamos acostumbrados a identificarnos con nuestros pensamientos de una manera muy personal, pensamos que hacen parte de nosotros y que hay que hacer todo un proceso para poderlos soltar. La verdad es que si entendiéramos desde un principio que nuestros pensamientos no nos pertenecen, entonces no tendríamos ni que soltarlos.

 

Funciona de la misma forma que cuando estás organizando por ejemplo tu habitación. Cuando decides que cierto objeto va a ir en un cajón y lo guardas, entonces simplemente dejas de ocuparte de él y pasas al siguiente, con los pensamientos es lo mismo.

Llévalo a tu día a día

 

Por ejemplo, si estoy en una discusión e identificó que tengo rabia por no tener la razón, puedo etiquetar mi pensamiento tal cual “Rabia por no tener la razón” y esto hará que pierda fuerza de inmediato. Será evidente que no es un pensamiento al que debes aferrarte, que no vale la pena.

 

El objetivo final de todo esto es poder llevar la práctica a cualquier momento de tu día. Personalmente lo he encontrado muy útil en momentos de discusiones o cuando me esta costando fluir con las ideas de otros.

 

Cuando hayas interiorizado este comportamiento en el espacio de meditación, entonces será muy fácil aplicarlo al día a día. Probablemente no siempre lo vas a conseguir con éxito, pero poco a poco serán más las veces que lo lograras. 

 

Prácticalo y cuéntame cómo te va, estaré feliz de escucharte y saber cómo te fue con el ejercicio.


Esteban Acevedo
Coach y Master en PNL avanzada.

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